“La inaudita nostalgia que me había sobrecogido en el corazón mismo de lo que añoraba, no era esa que desde lejos apremia hacia la imagen. Era el optimismo que ha traspasado ya el umbral de la imagen y de la posesión y sólo sabe aún de la fuerza del nombre por el cual lo que vive se transforma, envejece, se rejuvenece y, sin imagen, es el refugio de todas las imágenes.”

-Walter Benjamin, Discursos Interrumpidos I

Toda obra de arte es un objeto por sí mismo, pero cuando se le expone, debe necesariamente tener explicaciones diferentes e interpretaciones diversas. Ello permite, no sólo dialogar con la pieza, sino también dialogar sobre un hecho relevante a propósito de ella. Este es el caso de La Torre y del escrito siguiente:

Un restaurador es aquel a quien otorgamos la tarea de reparar algo roto, curar algo antiguo para evitar que el tiempo lo deteriore o, simplemente, rescatar partes que podrían desaparecer de un objeto si a éste no se le da el mantenimiento adecuado. Estos tres propósitos son aquellos que tiene la Ópera Prima de Sebastián Múnera. Su objeto, sin embargo, no es común: se trata de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, la cual quedó afectada durante una explosión el 17 de marzo de 2004.

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¿Por qué una Torre? ¿Qué implica esa imagen? La breve cita del inicio es clave para comprender el filme, ésta dicta: “En ese entonces, se hablaba un sólo idioma en toda la tierra” (Génesis, 11:1). Se trata de la Torre de Babel, episodio bíblico que narra el mito del origen de las lenguas y el inicio del desacuerdo entre los hombres por su incapacidad de comprenderse. ¿      Por qué la Biblioteca Pública Piloto de Medellín es La Torre de Babel para Múnera? La leyenda de Babel es una metáfora sobre la curiosidad del hombre y su ansia de conocimiento, y un ejemplo de cómo, al final, la utopía termina siendo destruida, así como cae babel, cae así, para Múnera, la Biblioteca en cuestión.

Nuestro curioso director busca, a través de una de las pocas fotografías documentales que habían, una manera de restaurar la propia Torre, para devolver la dignidad a los afectados, a los trabajadores, a los objetos mismos que habitaban los estantes de la biblioteca (libros, fotografías, obras de arte, esculturas, etc.) y, sobre todo, a los ciudadanos colombianos, quienes perdieron objetos que eran parte de su cultura y cuya presencia les identificaba como sociedad.

Hay, en la trama, tres trabajadores principales. El restaurador de las fotografías es aquel que intenta, a través de los juegos de luz del filme, devolver la mirada a los espectadores sobre lo ocurrido en la biblioteca. El segundo, es aquel que busca entre los escombros, una manera de regresarle su forma a la Torre, de construirla de nuevo y encontrar, debajo de sus ruinas, una nueva esperanza. La última, quien se encarga de la limpieza y el orden del lugar, es quien marca el tiempo del filme, pues encuadra los espacios de representación y decide cuándo se ha de profundizar en una imagen, dándole protagonismo a cada área de la biblioteca, restaurando así su estructura, su ambiente, su lógica, sus motivos y sus lugares.

El filme de Múnera hace una gran alusión a Babel, ¿Qué relación existe entre Medellín y Babel? ¿Dónde se encuentran? ¿Cómo se cruzan? Babel, etimológicamente significa confusión o desorden y, ¿Qué hay en Medellín después de la detonación de un explosivo en una biblioteca? Nada más que confusión y desorden. Es por ello que el restaurador final de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín es, de hecho, el presente filme. Pues, sólo él es capaz de mantener la tensión entre quienes reviven la historia y quienes viven después de ella, y tienen la labor de transmitirlos.

Ha de quedar claro que esta no es una interpretación lineal de la historia según la cual existió, alguna vez, un estado original punto de partida al que se podía volver si se eliminaban los efectos indeseados del paso del tiempo. Este es un trabajo de restauración de la memoria mediante el arte y, por ende, es un producto nuevo, que produce, a su vez, una nueva versión de un lugar y sus ruinas.

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A veces encontramos historias de permanencia ancladas a un lugar, pero discontinuas en el tiempo. Otras veces, lo que permite la permanencia es precisamente un decisivo cambio en su uso o la perspectiva que tenemos de ella. ¿Cómo mirar, entonces, a La Torre? ¿Cómo filme, cómo imagen poética, como trabajo de restauración artística, cómo labor de archivo histórico, como trabajo de duelo de un país? Estás y más pautas pueden encontrarse sólo en el recorrido del filme y en cada una de sus escenas.

Por Mishelle Masri Salame